Somos nuestras

Hasta el 22 de julio en el Centro Cívico Sagrada Familia

La Fundación Surt es una entidad que hace más de 25 años que vela por los derechos de las mujeres. A través de su Red de Mentoras, nos presenta, en el Centro Cívico Sagrada Familia, una serie de montajes fotográficos que utilizan los códigos visuales de la publicidad para poner sobre la mesa algunos de los problemas de una sociedad aún sexista.

La Red de Mentoras está compuesta por mujeres que han sido víctimas de violencia machista y en esta serie de carteles han decidido plasmar parte de su experiencia o la de otras mujeres que también la han sufrido. Y la verdad es que presentan situaciones tan cotidianas que en realidad todas las hemos pasado en un momento u otro. Quizás los resultados de las obras no son tan buenos como lo podrían ser en manos de un profesional, pero entiendo que, más que ante una exposición típica, estamos ante una reivindicación social y política en un formato visual. Lo más importante aquí es que el mensaje llegue sin equívocos al visitante. Y en este sentido, el objetivo se cumple con creces.

Una de las cosas que encuentro interesante y positiva de esta exposición es que se habla mucho de estas violencias del día a día: las superwoman multitarea, la esclavitud de la «belleza», etc. Y lo encuentro interesante y positivo porque en parte significa que la violencia más evidente, la violencia física y psicológica más salvaje, la que lleva a muchas mujeres a la muerte cada año en manos de su pareja, está aceptada como tal. Ya no es un problema conyugal que pertenece al ámbito privado de cada pareja y «ya te espabilaras si tu marido te pega que no es nuestro problema». Ahora es una cuestión social que nos implica a todos y todas y que ha dado lugar a una red de apoyo para las mujeres en esta situación. Es un primer paso quizá y es cierto que está restringido a determinadas sociedades, pero sin duda es un paso en la buena dirección. Y es un signo inequívoco de que esta violencia ya se considera en general inaceptable, el hecho de que hayamos podido ampliar la búsqueda. Ahora también podemos reflexionar sobre todos los comportamientos, mecanismos de control o incluso frases hechas -como cuando mi abuela me decía «Ay, nena, con este carácter no te casaremos nunca …» – que aún tenemos tan integrados que nos pueden pasar desapercibidos, pero que también son violencia (y no sólo la ejercen los hombres).

Tiene que haber espacios públicos para hablar de todas estas cosas, no sólo con datos y cifras y recuentos de víctimas en las noticias, sino también de una manera más relajada -dentro de lo que cabe- y sin miedo, incluso permitiendo que el humor entre en juego, para que la igualdad y el respeto a los derechos de las mujeres encuentren su espacio en todos los ámbitos de nuestra vida.



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